Juárez de carne y hueso

Juárez de carne y hueso

Y si Juárez, Benito, no hubiera muerto… como dice la letra del famosos danzón, qué pensaría y como actuaría en los tiempos turbulentos por los que pasamos. Él vivió momentos no menos  difíciles en la transición entre la herencia colonial y la modernidad republicana, en el marco de una secularización de la vida y cultura mexicanas. Enfrentó una guerra civil de tres años y a la intervención francesa e imperio de Maximiliano, combates de los que salió victorioso. Sin duda él que defendió la dignidad y soberanía de la patria se hubiera opuesto con todas sus fuerzas y medios a su alcance a la privatización del petróleo y el reparto de la renta que produce que busca eliminar la principal palanca para el progreso de los mexicanos. Que hubiera hecho frente al atentado de los gobiernos panistas (con un presidente de por medio, declarado deliberadamente cristero) contra el Estado laico y el atentado contra la educación gratuita que sigue ampliando la brecha de la privatización con la reforma peñista. Sin duda hubiera combatido las reformas expoliadoras que los tecnócratas están llevando a cabo y que con todo y siendo liberales, distan muchos del liberalismo social que la generación de la Reforma impulsó. Sin embargo Juárez y sus circunstancias muy orteguianamente, vivió en condiciones muy diferentes a las que un siglo y medio después privan.

La conmemoración del 208 aniversario de su natalicio es motivo para referirnos a ese personaje, uno de los constructores insignes del Estado moderno mexicano por los cambios estructurales que marcaron la historia de este país. El Archivo General de la Nación (AGN) publicó en 2008 la obra Las lecturas de Juárez que recoge el manuscrito y la transcripción paleográfica del testimonio que está bajo su resguardo: “Cuaderno de notas de las lecturas de las lecturas de Juárez”, de la autoría del Benemérito. De la presentación de ese documento a cargo del investigador del IIH de la UABJO, Carlos Sánchez Silva,  se derivan los siguientes comentarios.

Además de hablar del Juárez lector, Sánchez comienza diciendo que la figura de Juárez es de las más manoseadas de  la historia patria. La mayoría de los múltiples y diversos estudios lo pintan como un semidiós, casi perfecto e inmaculado. Un santo a la vez. La verdad es que como dijera El Oso Medina, también fue un mortal, sino común, si de carne y hueso y en su accionar lo mismo tuvo aciertos que errores. Algunos de sus biógrafos y apologistas dejándose llevar quizá por su rostro pétreo que imaginan nunca se inmutaba, por aquello de “Juárez el impasible”, dicen que no tomaba, que muy de vez en cuando fumaba; comía poco y además era muy reservado. La verdad es que según las evidencias, el indio zapoteca verdadero ejemplo de la cultura del esfuerzo, le gustaba el vino jerez, el café y hasta el pulque. Suponemos que con moderación. Se fumaba su purito de vez en cuando. Le entraba con fe a los “tallarines, huevos fritos, arroz, salsa bien picosa (como todo buen mexicano), bistec, frijoles y postre”. Y para dormir feliz, antes de las nueve se acostaba tras haberse tomado una copa de rompope, tal fue el menú que degustó don Benito según un testimonio del AGN, fechado el 16 de junio de 1860. Con el atracón que se dio ese día no era poco lo que comía. Sobre su carácter frío y reservado, José Fuentes Mares hace mención a sus habilidades de bailarín y como buen serrano zapoteca también disfrutaba de la música. De igual forma asistía con regularidad al Teatro Nacional para recrearse con las funciones de zarzuela. Lo dicho, en días y momentos de calma y relativo sosiego, era como cualquier mortal común. Muy lejos de la imagen de Santo y hombre perfecto que le ha endilgado la historia de bronce. En cuanto a su actividad como político, además de formarse en la escuela de la vida fue una persona instruida. Un sujeto ilustrado de su tiempo que como parte de su formación en el Seminario de la Cruz, pues pensó en abrazar la carrera de sacerdote antes de elegir la de abogado y en el Instituto de Ciencias y Artes, aprendió a leer y escribir el latín. Entre sus lecturas estuvieron Feijóo, San Pablo, Tácito, Salustio y los mexicanos Mora, el llamado padre del liberalismo que no podía faltar y José Joaquín Fernández de Lizardi, el “Periquillo Sarniento”. Por lo que conoció la problemática de la instrucción pública a través de la narrativa de Lizardi y en su paso por la gubernatura de Oaxaca, su estado natal en donde impulso la creación de escuelas de primeras letras.

Benito Juárez como Lázaro Cárdenas, representan en nuestra historia dos baluartes en la defensa de la soberanía de la nación, comenzando por la económica. Por eso es que a propósito de la celebración de expropiación petrolera y en contra de la privatización del oro negro, sin ser un moreno y mucho menos un morenazo, pero si asumiéndome como un patriota, comparto el Juramento Patriótico publicado ayer por el Movimiento de Regeneración Nacional, en el que fija su postura contra la Reforma Energética y por la defensa de “los veneros del diablo”. ■

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