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No es conveniente para grupo dominante invocar recuerdo de la Expropiación Petrolera: Enciso

No es conveniente para grupo dominante invocar  recuerdo de la Expropiación Petrolera: Enciso

■ La conmemoración debe hacerse, pero de manera crítica, afirma el docente e investigador

■ Sectores progresistas deben plantear el saneamiento no sólo de Pemex, sino de su sindicato, enfatiza

Invocar el recuerdo “de esta fase gloriosa de la sociedad mexicana, que implicó una movilización social extraordinaria” no es conveniente en estas épocas cuando de lo que se trata es de entregar la mayor parte posible del sector petrolero al sector privado, por ello se tiene un “festejo deslavado” del 76 aniversario de la Expropiación Petrolera, expuso José Enciso Contreras, docente e investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Igualmente “deslavado” percibe el festejo dedicado a Benito Juárez, próximo a conmemorarse, “sin un liberalismo basado en la democracia, en la separación Estado-Iglesia, en el laicismo, pues como que no se lleva bien la idea conservadora con la que conciben hoy las clases poderosas de México al país”.

La Expropiación Petrolera recordó, representa la puesta en acción material de la nueva idea de nación que ofreció la Revolución Mexicana a nivel constitucional, asentada en el artículo 27 mediante el concepto de “propiedad eminente”.

“Es decir, que el propietario primigenio del suelo, subsuelo, cielo y hasta subcielo si hubiera, es de la nación. Evidentemente es una ficción hermosa que representa a todos los mexicanos y nuestro estilo de vida”, expuso.

Esta doctrina se concretó en la reforma agraria con el reparto de tierras que combatió el latifundio y “resultó en la transformación de la sociedad rural de México para siempre”, por un lado, y el dominio de los hidrocarburos, por el otro.

Los constituyentes del 17 cuando plantearon esta idea, dice, “estaban pensando en realizar una profunda reforma social en beneficio de los mexicanos”, la procuración de una igualdad económica “y que todos tuvieran acceso a las posibilidades de una vida digna basada en el trabajo”.

A pesar de las diferencias en circunstancias del México de aquel momento y el actual, las que pudieran referirse de la industria petrolera, el propio Estado mexicano y aún la economía del mundo, afirma, “eso no implica que los planteamientos básicos jurídicos y políticos de la Constitución deban ser destruidos de la manera como se pretende hacer”.

“Creo yo que por eso ya no se le da tanto auge a conmemorar el 18 de marzo, sencillamente porque los planes del grupo dominante en México no avanzan por esa idea de la Revolución Mexicana, sino a partir de abrir la economía al capital trasnacional”.

La fecha, no para la clase dominante, sino para la nación, “sí debe festejarse y conmemorarse, porque sin duda que fue un triunfo por donde lo veamos y donde nos lo pongan”.

Era la nación mexicana que “reclamaba el dominio sobre su territorio, su subsuelo y que aplicaba una idea progresista del nacionalismo mexicano vigente en esa época y hoy también”.

La conmemoración debe hacerse, pero de manera crítica, señala. La discusión en materia de política económica e hidrocarburos debe llevarse a las mesas de todas las escuelas, los sectores sociales, expone.

“Debemos replantearlos este problema porque creo que una Constitución solamente puede cambiarse por dos vías, con un gran consenso social o con una Revolución, ambos deben confluir en un congreso constituyente, cosa que no se ha dado”.

Las reformas estructurales menciona, entre ellas las que abren a la inversión privada el sector petrolero, están planteadas de forma gradualista. De forma alternativa deben plantear los sectores progresistas primero el saneamiento no solamente de Pemex, sino de su sindicato.

“El sector privado empresarial de México se ha dedicado a bombardear al sector público de la economía, sencillamente porque le conviene incursionar con capital propio o del extranjero en lo que venía siendo una especie de coto de la economía mixta. Pero nunca se ha demostrado palmariamente ese sector público sea totalmente inoperante”, puntualizó.

“Creo yo que antes que plantear su desensamblaje debiéramos plantearnos el combate a verdaderos venenos que obstaculizan al sector público de la economía, como es la corrupción”, agregó.

Las fuerzas democráticas “tienen que dar la pelea, que lo hagan o no porque están ocupados en otras cosas también depende de que la ciudadanía exija el cumplimiento de las obligaciones ético políticas de esos los partidos progresistas”.

Con la Reforma Energética se pierde la esencia de la celebración de 1938: Ibarra

Este 18 de marzo en México no hay nada qué celebrar; la Reforma Energética recién aprobada en diciembre del año pasado para abrir las puertas de Petróleos Mexicanos (Pemex) a la iniciativa privada, es la modificación de 360 grados de lo que simboliza la Expropiación Petrolera, por ende se pierde la esencia de la celebración de 1938, opinó el director de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Zacateas (UAZ), Rubén Ibarra Reyes.

En el ámbito de la celebración nacional, consideró que el pueblo no tiene nada qué festejar, porque el espíritu de la expropiación no era otro que entregarle a la nación la riqueza de su subsuelo y generar empleo digno a los trabajadores. Dos elementos que justo son los socavados con la reforma.

Recordó que el origen del movimiento de expropiación fue la huelga en 1937 de los trabajadores petroleros, a quienes la Suprema Corte de Justicia de la Nacional (SCJN) dio la razón y pegado a ello surgió Pemex como una empresa del Estado y después en 1992 como una descentralizada.

Con los cambios a los artículos 27 y 28 de la Constitución, se permitirá la inversión privada, lo cual en automático le quita al petróleo el sentido de pertenencia de ser mexicano, en segundo lugar, las condiciones laborales de los trabajadores se verán mermadas, dijo.

Ibarra Reyes auguró que el ingreso de empresas privadas provocará la contratación de mano de obra nueva; es decir, se tratará de contratistas quienes expulsarán a la gente que ya trabaja en Pemex y llevarán a otros bajo las condiciones que decida el empresario.

Cuando antes de 1938 la huelga se hizo por los “tormentos” que pasaban los trabajadores. Hoy en día, refirió, el argumento para privatizar, es la poca renta que deja el petróleo al Estado, pese a que en 2012 las ganancias superaron el billón y medio de pesos, quizás con la reforma se suba a 2 billones; el problema será que la repartición será entre más manos.

Pemex dejará por tanto de ser rentable para el Estado mexicano, contrario a lo productivo que será para los particulares. Lo cual por añadidura traerá la pérdida de empleos y los que se tendrán se darán en condiciones muy distintas y por supuesto la pérdida de la riqueza nacional.

El catedrático universitario agregó que en tanto no se tenga las leyes secundarias de la reforma se sabrá hasta dónde México perderá su riqueza; hasta ahora se sabe que las empresas privadas le van a entrar a la exploración y explotación, aunque se desconoce en qué condiciones y circunstancias. Refirió que en las últimas semanas se hizo una campaña mediática para minimizar los efectos a la nación, sin embargo, apenas viene el verdadero golpe.

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