Pequeños relatos de historia y vida

Pequeños relatos de historia y vida
  • Historia y Poder

En la historia prodigiosa de los zacatecanos encontraremos siempre las más sorprendentes narraciones que nos darán más de un motivo para expresar orgullo y fidelidad a esta tierra que no deja de sorprender a propios y extraños por lo magnífico de su gran cartelera de hallazgos y certidumbres.

Que en la famosa guerra del Mixtón los indios zacatecos en un acto de canibalismo se comieron a 3 españoles que ingresaron muy alevosos, según cuenta el gran historiador Elías Amador.

Que en octubre de 1810 y hasta julio de 1811 la famosa mina la Quebradilla, símbolo de la gran restauración de Zacatecas, cayó en manos de los insurgentes, antiguos operarios mineros de esta empresa.

Que la noche del 14 de noviembre de 1789 causó gran espanto entre los habitantes de Zacatecas que apareciera en sus cielos una aurora boreal, ocasionando gran pánico y estupor por tan extraño fenómeno.

Que en el año de 1804 nuestra ciudad fue pionera a nivel continental al darse por vez primera la vacuna contra la viruela, instalándose la Casa Pública de Vacunación y lo que mitigó en algo la mortandad por ese terrible mal.

Que fue tal la hazaña que numerosos niños zacatecanos acudieron a las lejanas islas Filipinas en el año de 1807 a que “brazo a brazo” se pudiera trasmitir la buena nueva y es así que niños de Fresnillo, Sombrerete y la ciudad de Zacatecas, acompañados de un tal señor Belmis, acudieron a trasmitir el virus curativo. Regresaron 7 de los 11 niños, dos años después.

Que era tal la riqueza minera de los zacatecanos que a fines de 1790 el Conde de Regla mandó poner en un trayecto de casi medio kilómetro, placas de plata para el bautizo de uno de sus hijos.

Que hacia 1935 era famosa la revista Juventud Roja, periódico socialista editado por el Bloque de Jóvenes Revolucionarios en la hermosa ciudad de Fresnillo.

Que el señor Manuel Felguerez, padre del pintor del mismo nombre, ahora orgullo de nuestro estado, era amonestado por la asamblea municipal hacia 1907 por “invadir constantemente con su automóvil las vías del ferrocarril con su lujoso móvil” y que era famoso por levantar polvaredas y hacer un ruido exuberante. Su ilustre hijo me lo confirmó.

Que era costumbre de los antiguos zacatecos matar un venado y dejarlo a la puerta de la amada que pretendía desposar; si los familiares se comían al animal, daban por enterado que la hija estaba presta para el nuevo casorio.

Que hacia 1790 para el día de paga de los operarios de minas había mucha fiesta en las calles y en donde brotaban peleas de gallos, danzas populares, maromeros y saltimbanquis, carreras de caballos, carnavales, máscaras y comparsas, siendo el atractivo de la población ávida de fiesta luego de las duras jornadas.

Que hacia 1775 las autoridades decretaron pena de muerte para cualquier fabricante clandestino de vinos y aguardientes.

Que era frecuente encontrar en los informes de las autoridades locales, civiles y eclesiásticas, referencias a que los indios que perdían su salario completo en tabernas, mesones de la ciudad y en las batallas campales entre barreteros de minas y otros peones.

Que durante muchos años fue un orgullo que Zacatecas aportara un contingente bien armado y cañones para la famosa batalla del 5 de mayo.

Que el zacatecano Justino Chávez formó parte del pelotón de fusilamiento que ejecutó al fallido emperador Maximiliano de Habsburgo en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867.

Que se menciona constantemente que el entonces gobernador de Zacatecas hacia 1914, en plena Batalla por la Toma, el general Luis Medina Barrón, ante la inminente caída de su guarnición y ante la matanza cruel y despiadada de heridos y abatidos por las fuerzas villistas, huyó vestido de “charro negro” y otras menciones, que vestido de mujer. Logró su cometido.

Que casi todos los protagonistas de esa memorable Batalla por la Toma de Zacatecas frisaban la edad de los cuarenta: Villa de 40, Felipe Ángeles, 42, Antonio Olea (estratega huertista del combate cuerpo a cuerpo y el principal “defensor” de la ciudad, 42; Luis medina 46; Benjamín Argumedo 44; Tomas Urbina 39; Pánfilo Natera, 36 y así muchos, en donde el promedio de vida era de escasos 40 años.

Que muchos de los ciudadanos acusados de ser “huertistas” eran obligados a barrer las calles de la ciudad, en medio de la burla de los villistas armados hasta los dientes.

Que la historia de Zacatecas sigue llamando la atención del público nacional, ya por su gran singularidad, su fisonomía terrenal, su belleza a toda costa. Saludos al poeta José de Jesús Sampedro, considerado como uno de los mejores poetas del país; al novelista Juan José Macías y al férreo historiador José Enciso Contreras. ■

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