Mujeres en busca de la libertad

Mujeres en busca de la libertad

La lucha de la mujer por la libertad brotó de su paradoja: la conducta opresiva del hombre. En su recorrido por la historia, muchos son los episodios que dan cuenta del trayecto de la revuelta femenina. Aquí sólo algunos de sus pasajes:

1.- “Todos los hombres nacen libres e iguales” fue la declaración central de los derechos humanos con la que se coronaba el ideario de la Revolución Francesa en el siglo 18. Pero su luz no fue suficiente para la mujer parisina; la demanda de los derechos ciudadanos pronto ocasionaría litigios pues a las mujeres francesas se les tenía prohibida la actividad política. Muchas de ellas –condecoradas por sus servicios prestados a la revolución jacobina– compartieron junto a Danton la pena capital. No eran ya las antiguas brujas medievales llevadas a la hoguera. La extraña máquina de la guillotina se haría cargo de las nuevas hechiceras que “transgredían las leyes de la naturaleza al renegar de su destino de ser madres y esposas…”

2.- El nuevo sistema económico que devino con la Revolución Industrial del siglo 19, incorporó masivamente a las mujeres pensando en mano de obra barata y sumisa. La burguesía como clase ascendente, dejaba mientras tanto a sus mujeres enclaustradas en el hogar, convirtiendo este hecho en símbolo de estatus y éxito laboral para los varones.

A Nueva York (1848) y más tarde a Inglaterra (1866), llegaron las primeras peticiones del voto femenino incendiando los ánimos, pero también la burla y la indiferencia de los hombres.

3.- En la historia del México insurrecto, hacen acto de presencia figuras legendarias como Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez y Margarita Maza de Juárez, que tendrán actuaciones vitales durante la Independencia y la Reforma. De las brigadas revolucionarias del siglo 20, habrá que nombrar a Carmen Serdán (hermana de Aquiles) y a las coronelas Carmen Alanís de Casas Grandes, Chihuahua (quien participó en la toma de Ciudad Juárez con 300 hombres a su mando) y a Juana Gutiérrez de Mendoza (que comandó un batallón formado por las viudas, hijas y hermanas de los revolucionarios muertos…), pero sobre todo, a las combatientes que acompañaron de norte a sur las tropas de Villa y de Zapata desafiando los mismos peligros que aquellos hombres de a caballo.

Fue precisamente a partir de la etapa armada de la Revolución Mexicana, que el activismo femenino se incrementó para vincularse a la lucha política, social y militar del pueblo contra el régimen. Bajo fuego de metralla y alentada por el ideario de la revuelta, crece en la conciencia social la demanda de la igualdad de derechos para la mujer. Revistas y periódicos de la época exponen ya el reclamo del sufragio para ellas y la igualdad de oportunidades para ambos sexos.

En 1923, durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto, llega al Congreso del Estado una iniciativa para conceder el voto para la mujer. Como resultado, la profesora Rosa Torres obtuvo ese año el primer cargo de elección popular en México, al ser electa regidora del ayuntamiento de Mérida.

Lázaro Cárdenas del Río promoverá más tarde durante su gobierno, una iniciativa para otorgar la plenitud de derechos ciudadanos a la mujer. Sin embargo, su intento aprobado en las cámaras federales, no fructificaría en las legislaturas de los estados. Fue necesaria una década más para que las mujeres conquistaran el derecho a la ciudadanía que sólo fue posible hasta su publicación en el Diario Oficial de la Federación el 12 de febrero de 1947. La ciudadanía plena, sin embargo, habría de esperar seis años más: Durante el período de Ruiz Cortines el Diario Oficial de la Federación del 17 octubre de 1953, publica las reformas que conceden el derecho al voto de la mujer….

La lucha de las mujeres por sus derechos y libertades se extiende a nuestros días y continuará vigente hasta en tanto la igualdad con el hombre y en la sociedad se conviertan en una conquista histórica irreversible. La más reciente Declaración de la Marcha Mundial de las Mujeres lo deja ver claramente en estos breves extractos de su proclama:

“Nosotras, mujeres del mundo, transformamos nuestro dolor en fortaleza…” “… de todos los pueblos, edades, clases y sexualidades, hacemos frente a la creciente criminalización de nuestras protestas; la calle y demás espacios públicos son nuestros…” “…denunciamos la violencia como… herramienta de control de nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestras sexualidades…”  “…exigimos a nuestros gobiernos que respeten nuestros derechos y los de nuestros pueblos y territorios… “…desafiamos el sexismo y misoginia manifestados por nuestros hermanos en la lucha, al presionar permanentemente por introducir nuestro feminismo anticapitalista y anticolonialista…”

La sociedad moderna conserva aún las viejas raíces de su dominación milenaria por lo que será difícil que el hombre común pueda “mirar al mundo con los ojos de la mujer”. Será necesario entonces continuar esta lucha –que debiera ser de todos– y reaprender la lección que la historia nos ha dado una y otra vez: Que en el camino de la emancipación de la raza humana, no es posible abanderar proyectos políticos triunfantes sin tener en cuenta a esa otra mitad del género humano… ■

 

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