Violencia en México

Violencia en México

En la semana, el procurador del estado manifestó que el gobernador dejaría, cuando termine su periodo, un Estado seguro a diferencia de cuando asumió el poder.

Sin embargo, las cifras hablan más que las palabras. Entre diciembre de 2013 y enero de 2014, el índice de crecimiento de ejecuciones vinculadas a la delincuencia organizada, creció en Zacatecas 450%, según un estudio publicado por el periodista Leo Zuckermann, y en general en todo el país, 26%. En total en el periodo del gobierno de Peña Nieto, se tiene un promedio de ejecuciones de 31 por día.

Pero ni la sociedad, ni los medios de comunicación, y mucho menos el gobierno hace nada para solucionar el problema, que según el PRI, habrían de solucionar una vez que llegaran a Gobierno Federal.

Dicen por ahí, que cuando las cosas que suceden las vemos de lejos, generalmente nunca les damos la importancia que deberíamos de darles.

Es como ver los toros desde la barrera, claro, hasta que surge un “pajarito” que brinque la barrera y vuele hasta donde nos encontramos, y entonces veamos el astado de cerquita, a ver que logramos hacer con él.

Lo mismo pasa con la violencia que nos viene afectando en los últimos años a todos y cada uno de los mexicanos, aunque aún no la hayamos vivido de cerca, es decir, nunca nos ha brincado el toro hasta nuestros lugares, y como no nos afecta, pues pocos le damos la importancia que realmente tiene o debería de tener.

Quienes se la dan, es porque la vivieron cercanamente, por haber perdido a un hijo, a un padre, un hermano o un familiar muy cercano y querido.

Pero, ¿Quién es verdaderamente el culpable de la violencia en nuestro país?

¿Acaso lo será el gobierno panista de Felipe Calderón, por haber declarado una guerra en contra de los cárteles de la droga en México?

¿Lo serán los gobiernos priístas que mantuvieron el control político absoluto de nuestro país durante más de setenta años?

¿Lo será la corrupción que creció al amparo de dichos gobiernos emanados del Revolucionario Institucional?

¿Lo será la pobreza en que nuestros gobiernos tienen al pueblo de México y que no encontremos las oportunidades que deberíamos de tener?

¿Lo seremos nosotros que no sabemos formar a nuestros hijos con los valores necesarios, para hacerles ver que el dinero si bien es cierto es importante, no se puede conseguir a cualquier precio?

¿Lo seremos nosotros por no hacerles ver a nuestros hijos que uno se gana una posición en la vida con trabajo, esfuerzo y servicio a los demás y no por la cantidad de dinero que podamos tener?

La realidad es más compleja que contestar cualquiera de las preguntas que me hice anteriormente.

Desde mi punto de vista, pudiera ser que la suma de todas las respuestas a las preguntas anteriores, dieran como resultado apenas un vislumbre de quien o quienes tenemos la culpa de la violencia que pasa en nuestro país.

Por supuesto que todos y cada uno de nosotros tenemos nuestra parte de culpabilidad en ello. Algunos dirán que estoy loco por lo que estoy escribiendo, pero créanlo, si reflexionamos lo suficiente así es.

Tenemos la culpa los padres, que educamos a nuestros hijos en los valores de la comercialización, del dinero, del hedonismo, y no somos capaces de darles valores como la generosidad, la honradez, hablar con la verdad, eso amigas y amigos, lo hemos olvidado, por muchas razones, algunas tal vez involuntarias pero lo hemos olvidado.

Tienen la culpa los gobiernos emanados del PRI, porque teniendo la oportunidad de convertir a este gran país en una potencia con altos índices de calidad de vida, despilfarraron los recursos, nuestros recursos, en la corrupción y dejaron crecer a los grupos delincuenciales que hoy nos tienen viviendo en esta espiral de violencia, que al parecer aún no tiene fondo.

Tiene la culpa también por supuesto el gobierno de Felipe Calderón, no porque haya declarado la guerra a la delincuencia organizada, sino por no tener un plan estratégico claro para combatirla, lo que conllevo a que esto pareciera un desorden en el combate a la delincuencia.

La tiene también el actual gobierno de Peña Nieto, porque fue una de las banderas de su campaña política, y hasta el momento no tiene una estrategia para enfrentar el fenómeno de la violencia en nuestro país, al contrario, regresan las extorsiones y los secuestros al menos en nuestro Estado.

Tenemos la culpa todos y cada uno de los mexicanos que, le achacamos a la pobreza, la decisión de ser delincuentes y generar violencia.

Tenemos la culpa todos y cada uno de los ciudadanos que no tenemos el valor de denunciar lo que vemos en nuestras calles, lo que sabemos que pasa a nuestro lado y que preferimos callar, porque mientras el toro no salte a nuestra barrera, pues los demás que se las arreglen como puedan.

Tenemos la culpa todos y cada uno de los mexicanos que no somos capaces de exigir a nuestros gobiernos, que no nos oculten la información.

Tenemos la culpa todos y cada uno de los mexicanos que preferimos cómodamente ver los toros desde la barrera, y no tomar en nuestras manos la responsabilidad que nos corresponde para ir acabando de una vez por todas con esta violencia en la que vivimos.

Los delincuentes también tienen padres, hijos, hermanos o parientes cercanos, algún día ellos sufrirán también la violencia que están generando, algún día ellos también vivirán la experiencia de que el toro salte hasta su barrera y lo tendrán que torear, y ese día tal vez comprendan, solo tal vez, el alcance de lo que ellos mismos están generando.

Por lo pronto, aquellos que no han vivido de cerca la violencia, seguirán pensando que no tienen por qué meterse donde no les llaman, hasta que un día, emulando aquel toro que brinco a la barrera de la plaza México, “pajarito” brinque hasta sus lugares, y entonces tengamos que preguntarnos porque no hicimos antes lo que teníamos que hacer.

Mi querido Héctor Mario, hoy nos preguntamos en qué fallamos, porque tuvimos que perderte en la manera en que te perdimos, el hubiera no existe, pero si lo que podemos hacer en tu memoria todos y cada uno de los que te queremos, para hacer de nuestro país, un mejor México en el que nuestros hijos puedan vivir con tranquilidad.

Y nosotros ¿Qué podemos hacer para que México vuelva a la normalidad y tranquilidad?

Como siempre, ustedes tendrán la última opinión. ■

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