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Una aproximación histórica al problema de la pobreza en México

Una aproximación histórica al problema de la pobreza en México

En el próximo año, 2015, de conformidad con el acuerdo tenido a principios del siglo, 118 países realizarán lo que llamaron “Metas de Desarrollo del Milenio”, donde evaluarán su cumplimiento, siendo la primera, la más importante, la de eliminar la pobreza y el hambre.

La lucha contra la pobreza constituye hoy, al parecer, una prioridad de la comunidad mundial. Lo es para el Banco Mundial, institución en la que es determinante la posición de los Estados Unidos.

En realidad la lucha contra la pobreza tiene un fundamento teórico en el origen mismo del liberalismo, visión del mundo que privilegia el mercado. Así se estableció en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de Francia en 1793. Casi un siglo después el canciller Bismark dio forma en Alemania al estado benefactor, con el propósito de que los trabajadores dispusieran de las seguridades mínimas que les llevara a tener un mínimo de lealtad al sistema capitalista. Lo anterior es un reconocimiento de que por sí sola la mano invisible del mercado no genera la equidad y bienestar que supone la idea dominante a principios del siglo 21 sobre el carácter benigno del mercado, la globalización y el capitalismo moderno (Meyer, 2005). Como dice Stiglitz (2002), esa mano no existe, que en realidad por detrás de la concepción fundamentalista del mercado está el supuesto de una información perfecta y unos mercados completos, y esa es una tesis que carece de sentido en cualquier país.

 

El concepto de pobreza

Parece evidente distinguir quien es pobre con solo verlo, sin embargo es necesaria una definición para profundizar en su comprensión. Para el Banco Mundial, la pobreza es: hambre; es la carencia de protección; es estar enfermo y no tener con qué ir al médico; es no poder asistir a la escuela, no saber leer, no

poder hablar correctamente; no tene  un trabajo; es tener miedo al futuro, es vivir al día; la pobreza es perder un hijo debido a enfermedades provocadas por el uso de agua contaminada; es impotencia, es carecer de representación y libertad (citado en Romero, 2002).

El pobre actual puede tener acceso a servicios que en otra época no tendría, como puede ser el caso del área de salud peor la falta relativa de bienes materiales tiene efectos no materiales, y este es un punto fundamental en las razones para combatir esa condición: la pobreza propicia una mengua de la dignidad, de la visión que el individuo tiene de sí mismo y de la que el resto de la sociedad tiene sobre él (Meyer, 2005).

 

Breve reseña histórica de la pobreza en México

 El fenómeno de la pobreza en México es de una larga data. En el México prehispánico parece evidente la desigualdad social y la pobreza.

Fueron necesarias las catástrofes demográficas, la ruptura del sistema de tenencia de la tierra en favor de los conquistadores y sus descendientes y la introducción de elementos de economía del mercado y de tipos distintos de trabajo, para que se creara la pobreza en el sentido europeo y actual del término. En la Nueva España, los pobres coincidieron con la masa indígena y la mestiza.

De la desigualdad en la distribución de la riqueza a finales de la colonia dan cuenta dos contemporáneos: fray Antonio de San Miguel y Humboldt. Nos dirá este último que la desigualdad social en México era notable respecto de Europa, y que era mayor que en otras colonias del imperio español. En suma, que de los 6 millones de habitantes de la Nueva España, 600,000 concentraban la riqueza y el resto la pobreza. La iglesia había asumido el problema de la pobreza con sus obras de caridad, estructura que se heredó al México independiente.

La filantropía eclesiástica se debilitó tras la independencia en 1821 con el proceso de desamortización, empeorando la situación de los pobres, a lo cual contribuyó el que las frecuentes guerras civiles y el erario público en permanente quiebra impedían atender bien las necesidades gubernamentales, menos las de los pobres (Meyer, 2005). Aquí vale la pena recordar las palabras de Prieto: “los liberales nos hemos convertido en los nuevos gachupines de nuestros indígenas”; y es que, agreguemos, el liberalismo es la antítesis del corporativismo.

A partir de 1867, restaurada la república, cuando el estado nacional empezó a tomar forma la autoridad pudo destinar algunos recursos para enfrentar la pobreza, un problema que no consideraba suyo sino del mercado y de la filantropía privada.

Tras la caída del antiguo régimen por la revolución, fue tomando forma la idea de que la acción directa del estado a favor de un mayor bienestar social si era una de sus tareas centrales.

Francisco Villa manifestó como causa de su acción revolucionaria la pobreza extrema y la injusticia que experimentó él mismo. Gente como el, aunque estuvieron al margen del Congreso Constituyente de 1917, influyeron para que en la nueva Constitución hayan sido incluidos los derechos sociales, como la educación.

El compromiso de la revolución en contra de la pobreza durante buen tiempo no rebasó la retórica.

Durante el sexenio del general Cárdenas el gasto social y de inversión del Gobierno Federal por primera vez el gasto social y económico superó al administrativo. Concentrándose en educación y salud, pero la reducción de la pobreza apareció como una meta de largo plazo, involucrando a varias generaciones. La energía estatal se destinó a fomentar el desarrollo económico favoreciendo la concentración del ingreso mediante la industrialización por la sustitución de importaciones, a partir de 1940.

Bajo el modelo neokeynesiano la pobreza disminuyó. Pero la crisis de este modelo que estalló en 1982 dio lugar a un largo estancamiento económico y a un nuevo incremento de la pobreza relativa, y devino en el neoeliberalismo.

Al inicio del gobierno de Salinas se creó un grupo para que hiciera un diagnóstico y propusiera acciones al respecto, siendo esto el comienzo del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol). El programa contra la pobreza, el Pronasol, corazón del llamado liberalismo social de Salinas partió afirmando que en 1960 76.4% de la población total era pobre, porcentaje que bajó a 50.9 en 1987 significando 41.3 millones de mexicanos. Se propuso resolver el problema de la pobreza, pero los resultados fueron pequeños frente al tamaño de aquel.

En realidad no se trataba de combatir las causas estructurales de la pobreza, sino de atacar sus efectos más visibles para que el malestar social no comprometiera la estabilidad. Pero la crisis económica de 1995 mostró la debilidad del modelo y el fracaso de la política oficial de combate a la pobreza.

 

Un problema histórico en espera de solución

Solidaridad, con los recursos de la venta de empresas públicas, si repercutió en la lucha contra la pobreza, al punto que posibilitó que en 1994 el PRI pudiera mantener el control de la presidencia. Ya bajo el gobierno de Zedillo, el programa cambió de nombre y estructura, pero ya no puedo evitar que el PRI perdiera la presidencia frente al PAN.

El primer gobierno panista introdujo cambios de nombre y estructura del programa de combate a la pobreza. El gobierno de Calderón, por su parte, se concentró en el problema de la inseguridad. Oportunidades señaló hacia 2006 que la pobreza había descendido relativamente, aunque no resulta claro dado el bajo crecimiento de la economía y el que la distribución del ingreso siga tan desigual: entre 2002 y 2012 el quintil de hogares más pobre vio pasar su participación en el ingreso total de 5.9 a 6.6, mientras la del quintil más rico pasaba de 49.1 a 46.2% (CEPAL, 2013). Para 2012 un país, México, que permite que 45.5% de su población sea pobre, 9.8 en pobreza alimentaria, según el Coneval (2013), mantiene la marca histórica de la desigualdad, que le ha caracterizado desde que Europa lo incorporó al sistema mundial en el siglo 16.■

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