Paola Espinosa y su temor ante la plataforma de 10 m

Paola Espinosa y su temor ante la plataforma de 10 m

A los siete años de edad Paola Espinosa enfrentó lo que sería el reto de su vida: la plataforma de 10 metros. Y lo tuvo que hacer de la mano de su hermana Fernanda, quien prácticamente la jaló para que se lanzara al agua que, de tan lejana que se veía, le producía vértigo.

 

Han pasado más de 20 años desde aquella primera vez que le marcó el destino. Sin embargo, a pesar de las dos décadas y de las miles de veces que se ha lanzado durante este tiempo, el miedo sigue ahí.

 

Es como el tipo de cosquillitas en el estómago, define la doble medallista olímpica.

 

Esa primera vez que me lancé fue algo entre risas y nervios. Pensé que a lo mejor me iba a doler, pero me gustó y yo me seguí. Mi hermana, que me había jalado, ya no quiso lanzarse más, evoca la también campeona mundial, quien no evade la palabra miedo y explica que ese sentimiento le ha servido para mejorar, concentrarse y, sobre todo, “me ayuda para no perderle el respeto a la plataforma, que es en donde he estado toda mi vida.

 

Sí, todavía me da temor, pero he aprendido a dominarlo… me gusta saber que puedo controlarlo, dice Paola, quien a pesar del miedo, o tal vez precisamente por él, se ha convertido en la mejor clavadista mexicana en la historia.

 

En una competencia, lo único que puedo controlar es mi clavado. Lo otro, los jueces, el público y demás, no. Así que siempre trato de enfocarme sólo en lo que hago y eso me ha ayudado.

 

Anota los errores

 

Para tratar de concentrarse más en su lanzamiento, la deportista acostumbra escribir en un cuaderno las fallas que tiene. Desde hace 10 años apunta con meticulosidad los errores técnicos que detecta y trata de no repetirlos en el siguiente evento.

 

Sin embargo, aclara que esos escritos le sirven para mejorar, no para seguir lamentándose por el yerro. Hay miedo a la plataforma, pero no al fracaso.

 

“Si me va mal, me digo ‘ni modo, ya la regué’ y pongo mucha atención en mi error, en lo que hice mal para no hacerlo en la siguiente competencia. Y eso lo hago durante los entrenamientos, porque antes de cada clavado todo es tan rápido que no piensas en nada”, cuenta la deportista, quien entrena como si se tratara de una jornada laboral de ocho horas, pero se da tiempo para atender múltiples compromisos con medios y patrocinadores.

 

–¿Qué pasa si no ganas una medalla en Río de Janeiro?

 

Paola, con la experiencia de tres Juegos Olímpicos, contagia su tranquilidad al responder: No pasa nada. Yo seguiré siendo la misma persona, con sueños, objetivos… Obviamente estaré triste, pero me preparo para no fallar, por eso entreno ocho horas diarias en la alberca. Pase lo que pase en Río, nadie me quitará mis dos medallas en Juegos Olímpicos y mi campeonato del mundo.

 

De inmediato, la clavadista completa: Voy por algo grande a Río, iré con todo. Buscaré otra medalla y me encantaría que fuera de oro, pero si es de otro color, estaré muy feliz.

 

Está consciente de que podría ser su última justa olímpica –a la que llegaría con 30 años de edad–, pero se muestra cauta para hablar del futuro: Después de Río, no sé… Tal vez me retire, pero es algo que pensaré poco a poco.

 

A sus 27 años le preocupa la plataforma, pero no lo que haría al retirarse.

 

En abril de 2013 creó la Fundación Paola Espinosa, con los objetivos de combatir el problema del sobrepeso y el llamado bullying entre la población escolar infantil del país. El lema es Juega limpio, actívate ya.

 

Al disponer de más tiempo se enfocaría en terminar su carrera, Comunicaciones en la Universidad Anáhuac, y dentro de muchos años casarme.

 

Durante su visita a La Jornada, se le preguntó si le gustaría dirigir la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), y respondió: No sé, porque desconozco a dónde me lleve la vida, pero sí me agradaría apoyar al deporte, contribuir y rescatar todo lo bueno

 

La clavadista Paola Espinosa aseguró que va por algo grande a Río de Janeiro 2016, en lo que serán sus cuartos Juegos OlimpicosFoto Conade

Si las chinas entrenan mucho, yo también

 

Paola Milagros Espinosa Sánchez (La Paz, Baja California Sur, 31 de julio de 1986) participó por primera vez en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde quedó en el lugar 12 en la plataforma. Cuatro años después, en Pekín, consiguió la presea de bronce en clavados sincronizados de 10 metros, con Tatiana Ortiz, y en Londres 2012 logró la plata con Alejandra Orozco.

 

Antes, en el Campeonato Mundial de Natación en Roma 2009, ganó oro al imponerse a dos competidoras chinas, que ya para entonces lucían invencibles.

 

Atribuye gran parte de su éxito a la entrenadora china Ma Jin, cuyo país acapara las medallas de oro de cada competencia, pero la mexicana no se resigna a los otros sitios del podio y por eso realiza una disciplina similar a las asiáticas.

 

China es una potencia, pero si ellas entrenan mucho, yo también. Si ellas ganan, yo también puedo ganar. Por eso me preparo, tengo disciplina y una dedicación diaria. Si ya lo pude hacer una vez, puedo hacerlo otra vez, dice sobre la presea dorada en Roma, uno de los máximos logros de una vida dedicada a los clavados y que empezó siendo niña, al ver por televisión los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

 

Evoca: “Empecé desde los siete años en La Paz. En esos juegos (de España) siempre vi los clavados (Jesús Mena fue el representante, pero no pudo repetir su bronce de Seúl 88).

 

En la primera competencia que tuve quedé en segundo lugar y mi mamá me llenó de besos. Entonces me dije que si por una medalla de plata me había tratado así, lo que yo quería era la amarilla. Los clavados fueron un juego, luego ya formaron parte de mi vida.

 

–¿Qué has sacrificado durante tu carrera?

 

–Lo más difícil fue dejar a mi familia. A los 11 años tuve que venir a la ciudad de México con mi mamá, pero mi papá y mi hermana se quedaron en La Paz. Eso es lo que más me ha pesado, no estar en fiestas importantes, cumpleaños, pero no me arrepiento.

 

“Se dice muy fácil ‘la doble medallista olímpica y campeona mundial’, pero me ha costado toda la vida, aunque lo hice sin dudarlo, porque siempre fue mi meta”.

 

Paola pertenece a lo que podría llamarse la nueva generación de las deportistas mexicanas.

 

Hasta antes de Sydney 2000 los varones habían acaparado los galardones para nuestro país, pero a partir de entonces las mujeres han obtenido mejores resultados.

 

Soraya (Jiménez, oro en Sydney) y Ana Guevara (plata en Atenas 2004) empezaron a abrir el camino. Antes, sólo deportistas hombres habían tenido buenos resultados. Nosotras demostramos que somos iguales a ellos. Si yo pude ganar, otra mujer desde su trinchera también lo puede lograr, dice Paola a propósito del Día Internacional de la Mujer.

 

Me da mucho gusto que cada vez seamos más las mujeres las que podamos dar la cara por México, agregó.

 

Sin embargo, aclara que su éxito no se limita a ser medallista y campeona en el deporte: Yo me siento bien con mi familia, mis amigos, mi pareja, me siento plenamente satisfecha más allá de las medallas. Mi éxito en la vida no sólo son las preseas.

 

Y así como tiene un cuaderno en el que escribe los errores que debe corregir como clavadista, también le gustaría anotar las cosas buenas que le han pasado.

 

–¿Cómo te gustaría que fueras recordada?

 

–Como una mujer de éxitos, que lo que se propuso lo logró.

 

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