Mujer, trabajo y familia: la lucha por la equidad

Mujer, trabajo y familia: la lucha por la equidad

En México, sobre todo a partir de los 70, ha dejado paulatinamente y paso a paso de dominar la cultura patriarcal. Los cambios sociales en lo macroeconómico y de estructura demográfica ha impactado de forma directa en la micro-cultura de la vida de los hogares.

La línea normativa para medir o apreciar los avances o retrocesos es la equidad de género en los hogares y en las oportunidades sociales: entre más equitativo lo valoramos mejor. Sólo pequeños grupos de rancio conservadurismo siguen reivindicando los roles fijos de los géneros, y a las relaciones de equidad las ven como un peligro que pervierte la función de la familia. Pero superando a estos grupos, el imaginario social y las propias políticas del Estado, están orientados por el valor de la equidad. Lo cual significa que aun cuando hay rezagos importantes, la batalla cultural se ha ganado.

En cuanto al estado de cosas del avance señalado, diremos que tiene un marcado sello de estrato social, pues éste condiciona en mucho la condición de equidad de género. Y el factor movilizador en la conformación de los roles de la mujer al interior de los hogares es, sin duda, el acceso al trabajo extra-doméstico lo que ha ido de la mano de la terciarización de las economías. Sobre la relación estrato-género, tenemos por ejemplo, que en los grupos populares la maternidad sigue siendo el eje de la vida de la mujer: los hijos son tanto la fuente de identidad, como de sostén económico (el futuro sustento en la vejez).

En los llamados estratos medios, la relación mujer-madre no es tan natural y adquiere diferenciaciones importantes: el trabajo y la profesión son parte de su realización y no sólo el ser madres. Y más aún, en los estratos medios educados encontramos muchos casos de mujeres que por decisión deciden no ser madres para concentrar su realización en la profesión o en alguna misión académica o social. En estos estratos, también, se incorpora al marido en forma muy significativa al trabajo doméstico, y con ello, las relaciones son de una mayor equidad que en los sectores populares, sobre todo campesinos. Sin embargo, no es el acceso al trabajo extra-doméstico la causa directa del cambio en las relaciones de equidad, porque hay casos donde la mujer ejerce dobles jornadas y es doblemente explotada; sino que el trabajo remunerado fuera del hogar debe dar lugar al control de los recursos que de ahí derivan, de lo contrario los cambios no ocurren. Y la modificación de los controles tiene que ver con el nivel educativo y el capital social de la mujer. En suma, no podemos dejar de percibir avances sociales importantes en la equidad de género, pero también reconocemos la existencia de bolsones de injusticia sobre todo en los sectores empobrecidos, y eso  justifica la existencia de problemas a vencer: es la perenne lucha por la equidad.

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