Gilberto Letechepía, 50 años coleccionando la historia de Zacatecas y sus habitantes

Gilberto Letechepía, 50 años coleccionando  la historia de Zacatecas y sus habitantes

■ El anticuario afirma que conserva un taco de billar que perteneció a Juana Gallo

■ Reconoce que muchos objetos los malbarató o regaló, por la falta de estudios

Gilberto Letechepía Muñoz, zacatecano de 83 años, desde hace más de 50 años comenzó a adquirir y vender antigüedades con el objetivo de sacar adelante a su familia.

En sus manos tuvo objetos históricos, los cuales por necesidad tuvo que vender, aunque conserva algunos, como un taco de billar que perteneció a Juana Gallo, con el cual la mujer asustaba a los menores que la provocaban o le gritaban cosas en la calle.

Recuerda que Juana Gallo vendía tacos en las cantinas, y al fallecer sus familiares le vendieron este objeto, que aún tiene en su poder y conserva en su domicilio.

Este anticuario nació en la calle Ignacio Rayón, justo enfrente de la antigua Plaza de Toros, que se ubicaba donde ahora se encuentra un hotel.

Debido a la pobreza en la que vivió, no pudo concluir sus estudios y sólo cursó hasta el quinto grado de primaria.

Trabajó como pintor durante su adolescencia, y cuando contrajo matrimonio comenzó a adquirir antigüedades entre amigos, conocidos y familiares con el fin de venderlas y sacar adelante a sus 13 hijos, por lo que comenzó instalándose en la calle Aguascalientes, en el Centro Histórico.

Relata que en ese tiempo no había clientela local para las antigüedades, y quienes se interesaban en ellas eran turistas, que lo buscaban para llevarse algún recuerdo del estado.

Recuerda que la mayoría de los zacatecanos buscaba deshacerse de las camas de latón, ya que se llenaban de animales.

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Explica que otra razón para venderlas a bajo costo era que debido a que no había funerarias, en las camas se velaba a los difuntos y los familiares pensaban que en ellas permanecía el espíritu del fallecido.

Dentro de su colección hay muebles que pertenecieron a Fernando Calderón, después de que fuera vendida la Hacienda de Buenavista, la cual pertenecía al escritor zacatecano.

Asimismo obtenía carretones de ruedas sólidas hechas por huicholes, que se utilizaban en las minas para acarrear piedras grandes.

En una ocasión, adquirió un documento en el cual un indígena de Zacatecas adquiría una propiedad de un español.

Sin embargo, al mostrar el documento a Federico Sescosse, patriarca del patrimonio cultural zacatecano, éste le informó que dicho documento era original, sin embargo presentaba algunas alteraciones, lo que disminuía su valor.

Aunque fue amigo cercano de los artistas Pedro y Rafael Coronel, no pudo adquirir piezas de arte, y sólo logro rescatar algunos retablos religiosos que no medían más de 90 centímetros.

También tuvo entre sus manos una cama de 1891, que perteneció al entonces gobernador de Zacatecas, el general Jesús Aréchiga, y ésta se la compró el gobierno para instalarla en el Museo de la Toma de Zacatecas, en La Bufa.

Anteriormente vendía pistolas, carabinas y rifles antiguos, uno de sus clientes fue el actor estadunidense Gregory Peck, quien visitó Zacatecas durante la filmación de la película Gringo Viejo.

El actor compró, cuenta Letechepía, una pistola Colt número 28 del año de 1860, “esas pistolas se hacían a mano y las primeras 100 no salían al mercado, esa pistola fue una de ellas”, narra el coleccionista.

Entre sus clientes se encontraban políticos como Jesús Reyes Heroles, Fernando Pámanes Escobedo y Genaro Borrego Estrada, quienes gustaban de adquirir muebles antiguos.

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Letechepía reconoce que muchos objetos los malbarató e incluso regaló, pues la falta de estudios le impedía conocer la historia o el valor de algunos objetos, “más que anticuario en ese tiempo yo era chacharero, y quienes conocían su valor conservaban los objetos”, dice.

Con el tiempo se especializó en la materia, y abrió varios bazares de antigüedades en diferentes puntos de la ciudad.

“Una antigüedad tiene historia, anteriormente muchos objetos que se utilizaban en la vida diaria estaban bien hechos, se les dedicaba tiempo para su elaboración. Y hay quienes gustan de conservarlos”, menciona.

Sin embargo, lamenta que actualmente las personas no le dan el valor a las antigüedades, pues con la mercadotecnia, muchos objetos pueden fabricarse en serie y se venden a bajo costo en tiendas departamentales.

“La gente ha perdido el amor a las antigüedades, recuerdo que se me dificultaba adquirir un reloj de abuelo porque eran bastante caros, así como objetos de porcelana, pero ahora se pueden comprar hasta en 2 mil pesos en tiendas grandes”, enfatiza.

Letechepía también fue campeón estatal de box en la categoría de peso mosca, en su juventud, “aunque mi esposa guardó el cinturón en una almohada y se perdió”.

Recuerda que lo invitaron a pelear con la promesa de que se le pagaría un peso por contienda, en la modalidad Royal, que consistía en que cinco boxeadores peleaban hasta quedar solamente dos de pie.

 

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Ese día, con el dinero que arrojaba el público al ring, juntó 24 pesos, con los cuales compró un par de tenis, un pantalón y zapatos.

Posteriormente peleó con el Baby Navarro, a quien derrotó dos veces, y cuya victoria le valió el título de campeón estatal de box.

Dejó el boxeo, porque se le pagaba poco en el estado, pues por pelea recibía 50 pesos, mientras que en ciudades como Torreón le pagaban 400 pesos, en San Luis Potosí 300, y en Aguascalientes 200 pesos. Además fue noqueado en una pelea en Torreón y se desanimó.

“A las 48 peleas me retiré, yo tenía un tío que era campeón en Torreón, y peleé con su pupilo, quien me atinó dos ganchos al hígado y me noqueó, nunca me habían noqueado, incluso lloré y a partir de ahí me retiré del box”, agrega Gilberto.

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