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2014 ¿año no electoral?

2014 ¿año no electoral?
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Sin ser un año de elecciones a nivel local, como lo han celebrado los secretarios del gabinete alonsista, y el mismo gobernador en su momento, 2014 comienza a perfilar elementos y fenómenos de indudable corte político electoral; contrastando con el pseudónimo oficial de “el año de la obra pública”.

El primero de ellos se definió el pasado jueves, en sesión extraordinaria de la 61 Legislatura estatal, cuando se (re)eligieron a seis integrantes del Consejo General del Instituto Electoral. Como se sabe, de acuerdo a las conclusiones que realizaba el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con respecto a la impugnación interpuesta por el ciudadano Miguel Ángel Aguilar Dávila, la Legislatura se veía obligada a reponer el procedimiento por la falta de convocatoria pública.

Este dispositivo jurídico no se encuentra previsto en la ley electoral del estado, por ello los diputados lo omitieron en la primera selección. Sin embargo el Tribunal sustenta que la discrecionalidad de la designación violaba las garantías de quien presentaba el juicio de protección de derechos políticos.

A partir de ello, la propuesta de las comisiones unidas de asuntos jurídicos y electorales, en la Legislatura, privilegió el consenso entre todas y cada una de las bancadas (la del PRD, dividida como de costumbre) para impulsar un acuerdo político que respaldara una segunda designación de los consejeros que habían sido electos con anterioridad. La siguiente parte de la historia concluyó con el pleno del Congreso, asumiendo su facultad de cuerpo colegiado, ratificando con votos, la decisión antes revertida; y una izquierda saboteada por sus propias ramificaciones.

Al final de dicha sesión, el líder estatal del PRD retomaría la perorata de la intervención de los intereses de Gobierno del Estado para estructurar un órgano electoral a modo. Probablemente para el ciudadano de a pie, las confabulaciones que el dirigente del Sol Azteca zacatecano denuncia sean un estímulo para sospechar de corrupción.

No así para quienes conocemos el tejido político cotidiano. El discurso de Gerardo Espinoza no deja de ser una suerte de provocación mediática, ya que a estas alturas del sexenio es inocuo acusar al secretario general de Gobierno, Francisco Escobedo, de construir acuerdos posibles con la mayoría priísta en el congreso. Justo esa ha sido su tarea como responsable de la política interna. Ejemplo de ello fue la deposición, entre otras, de Benjamín Medrano del PT, para pasar al PRI y construir su candidatura a alcalde de Fresnillo.

Resulta paradójico que la oposición perredista siga apostando a la denuncia mediática, más que al fortalecimiento de su escasa fuerza como bancada en esta legislatura. Con ello, el Sol Azteca también demuestra el piso endeble desde donde se cimentan acuerdos entre sus redes de poder internas, para proponer, gestionar y respaldar a un candidato a gobernador en 2016. En el PAN estatal tampoco ofrecen señales de cohesión. Con ello, el tablero electoral bosqueja una suerte de ruta libre a los candidatos que se forjen en el PRI en los próximos comicios.

Ahora bien, las acusaciones de Gerardo Espinoza apenas alcanzan a abonar a su lucha retórica contra Gobierno del Estado, puesto que es cuestión de meses para que este Consejo General del órgano electoral se quede en el aire, nuevamente, por haber sido designado, sin facultad alguna, por el congreso estatal, una vez que se promulgó la reforma política.

Esto significa que los consejeros actuales volverían a sus encargos de manera eventual, si es que se presenta un juicio de revisión constitucional, en donde se cuestione la pertinencia de haber sido electos por una legislatura, cuando la nueva ley obliga a que el Consejo General del Instituto Nacional Electoral sea quien defina a su vez a los consejos electorales estatales. Para ello es importante esperar la próxima constitución de dicho órgano directivo a nivel federal.

El segundo elemento de corte político electoral, es uno que de manera desapercibida, pero en plena exposición pública, sería ya una constante en el gobierno de Alonso Reyes. La semana pasada el alcalde capitalino, Carlos Peña, aparecía en tres eventos donde “coincidía” con el gobernador, o sus secretarios de gabinete.

El más llamativo se realizó en Pinos, dentro de la gira que realiza el mandatario para “supervisar” los apoyos sociales del programa Superar la Marginación. Dentro de su horario laboral como alcalde de Zacatecas, Carlos Peña aparece en Pinos, cerca del gobernador, para única y exclusivamente acompañar al gobernador.

Eso es lo que se puede concluir después de que su departamento de comunicación social haya pasado por alto dar a conocer el por qué de la visita del alcalde a aquél municipio alejado de la capital. Es la misma estrategia que se usó para construir la candidatura de Peña Badillo a la presidencia municipal, ¿la cual habrá de concluir en 2015 o 2016? ■

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