De cómo Zacatecas alumbró sus calles y el robo frecuente de lámparas

De cómo Zacatecas alumbró sus calles y el robo frecuente de lámparas

P or fin un 31 de enero de 1891 nuestra ciudad se vio con el alumbrado público que benefició ampliamente la vida civil, mercantil y política de los zacatecanos, más aún, de la vida cultural, pues era muy afecta a que hubiese “teatro y música” y tertulias y oradores y actos nocturnos.

Mas antes, hacia 1867, el capitán de serenos don Julián Briones, atendía junto al municipio de las numerosas peticiones de vecinos que les urgía un farol que alumbrara su negra noche y en donde al amparo de la oscuridad se cometían toda clase de crímenes, asaltos, actos prohibitivos de la naturaleza humana como los actos sexuales,  las inmundicias y desperdicios de sus defecciones, el hurto de tahúres, el desenfreno de las prostitutas, la tira de basura.

Fue mediante un decreto en el que la sociedad zacatecana junto a sus autoridades vislumbraron la oferta: 108 mil pesos anuales por 93 focos, todos “ardiendo” gracias a máquinas de vapor y dínamos, bombas centrífugas por medio de un motor trifásico, donde se hizo necesario grandes cantidades de carbón y combustibles vegetales.

El pueblo zacatecano estaba feliz pero era airoso. Numerosos contingentes salían a las calles recién oscurecía a contemplar los arcos donde la luz era la novedad y bajo su amparo los novios podían charlar, los estudiantes leer de asuntos novedosos y la concurrencia de asambleas de obreros católicos, panaderos, albañiles, además de masones, partidos políticos, misas nocturnas y hasta verbenas, de la cual nuestra población es seguidora en demasía

Si Puebla y San Luis Potosí tenían en sus calles 100 focos, y la ciudad de México 300, era factible que en la nuestra con 93 focos se le alumbrara en su actividad nocturna para lo que constantemente se pedían materiales provenientes de Alemania, Francia y los Estados Unidos.

Los robos de focos y lámparas era la constante. Hacia 1901 los directivos de la Compañía Zacatecana de Luz y Fuerza en sus reportes diarios datan de un gran número de robos a las instalaciones eléctricas de la ciudad y muy especialmente en el teatro Calderón en donde seguido” ladrones inteligentes se visten como empleados de nuestra compañía y nada zonzos se llevan lámparas buenas y no las fundidas”, además de numerosos actos de vandalismo con hondas, resorteras y aun a tiros de pistola y escopeta en contra de las lámparas y se preguntaban :”cuál será el motivo?”,

Lo importante era que la cárcel de mujeres, la de hombres, los asilos, el Hospital Civil, el sanatorio municipal, el palacio de gobierno y el municipio, estuvieran alumbradas desde las 6 y media a las 4 de la mañana. En algunos casos se encendían a las 7 y se apagaba a las 10 de la noche, desconociéndose los motivos. También la alameda, el jardín Hidalgo, el Jardín Morelos, los Portales de Rosales y numerosas calles y callejones escondidos recibían las bondades de una modernidad que a muchos contagiaba.

También era frecuente que el ayuntamiento imponía multas a la compañía de luz por las fallas constantes en el servicio, aun así, la compañía imponía a su vez alza en las tarifas.

En un oficio que encontré dice :”señor presidente municipal, nos permitimos suplicar atentamente se tome la molestia de mandar ordenar a gendarmes del punto, que los sábados a las 8 de la mañana se sirva prestarnos su ayuda a fin de repartir con orden entre los indigentes una pequeña limosna que esta compañía tiene costumbre repartir. Hacemos a Ud. La presente súplica en atención a que es tan grande la aglomeración de mendigos que tememos que se causen una lesión de gravedad .Como no dudamos se servirá usted atender nuestra súplica, le saluda su seguro servidor Otto Teinchet”.

En otros casos el ayuntamiento no podía pagar la parte que le correspondía a la Compañía y esta amagaba con quitarlo por completo y proporcionárselo a “tiros de minas” que constantemente se le ofrecían con buena paga y solvencia.

La preocupación constante era que hubiera energía eléctrica para las fiestas del Centenario de la Independencia, las fiestas patrias y los actos protocolarios. Se desconoce cuándo se introdujo a los hogares y cuales sus tarifas.

En los días de la gran toma de Zacatecas el servicio eléctrico fue interrumpido gracias a los sabotajes de los villistas y  de otros bandos, empero, el general Benjamín Argumedo y el general Antonio Olea, se las ingeniaron para que desde el cerro de la Bufa funcionase un reflector enorme para distinguir el ataque de las guerrillas de Felipe Ángeles. Me dice el cronista de la ciudad y el Estado que gracias a que Felipe Ángeles era una persona culta, sus grandes cañones trataron de hacer el menor daño al patrimonio histórico tangible de la Ciudad.

Los reportes en el Archivo Histórico Municipal se disparan de mayo 29 de 1914 a abril de 1915, lo que hace suponer que ante el ataque y estruendo de las bombas, cañonazos y enormes piras de cadáveres humanos y de animales, postes, cableado y enseres fueron destruidos, ocasionando la ruina de la compañía y la deuda permanente del municipio, la Jefatura Política y del Gobierno del Estado.

300 años antes, las calles eran alumbradas con enormes pabilos de petróleo, sebo animal y leñas y permitía, cuando menos, mirar los pasos que los llevaban hacia adelante. ■

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