2014: Para avanzar en la agenda de infancia

2014: Para avanzar en la agenda de infancia

Pienso en tres cosas para hacer avanzar nuestra agenda en 2014 y más allá:
Generar nuevo conocimiento. Esto significa producir información, investigación y análisis sobre la situación de la infancia en México para la toma de decisiones y el desarrollo de política.

Destaco dos problemas. Uno, que señaló el Comité de los Derechos del Niño (CDN) de la ONU (2006), es que los datos disponibles sobre la situación de la niñez “no se desglosan sistemáticamente por estado y municipio, por lo que es difícil concebir y abordar las disparidades regionales”. Otro, es que México requiere elaborar indicadores “para vigilar y evaluar eficazmente los progresos logrados en la aplicación de la Convención y medir la repercusión de las políticas que afectan a los niños”.

Hay que impulsar el desarrollo de la información que hace falta (por ejemplo en materia de violencia y maltrato, o resolver desagregaciones pendientes por sexo, grupos de edad, pertenencia étnica y geográfica), porque la parcialidad o la inexistencia de información invisibiliza y reproduce la exclusión y el incumplimiento de derechos. Pero también hay que utilizar la información disponible para avanzar contra la discriminación. Ya hemos trabajado con evidencia sólida para acercarnos a la situación de la infancia en cada uno de los estados de la República, construir instrumentos útiles para el diseño y evaluación de política, como el Semáforo Municipal de los Derechos de la Infancia, y elaborar
contenidos noticiosos relevantes. www.odisea.org.mx

Comunicar el dato y la vida. La generación y análisis de datos debe servir para enriquecer el debate. El esfuerzo por producir información estadística lo entendemos en la perspectiva de construir un Sistema Integral de Garantía de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes que garantice la efectividad de los derechos. Quizá todavía no tenemos un sistema de ese tipo porque el debate no ha sido suficiente o porque éste ha sido muy pobre o porque falta penetración en los medios y la opinión pública. Sin duda hemos avanzado en la difusión y el uso de la información estadística entre legisladores y tomadores de decisiones, así como entre ciudadanos y OSC, pero seguimos quedando cortos.

Debemos ir más lejos. Sólo hasta el año pasado, luego de 24 años de que México firmara la CDN, contamos con el Semáforo Municipal de los Derechos de la Infancia realizado por Odisea, AC, un instrumento que incluye 27 indicadores construidos con base en información oficial disponible a escala municipal. Esta es una forma novedosa de presentar la información desglosada, que logra comunicar con claridad y frescura las dimensiones de la discriminación hacia grupos de niños más vulnerables o desfavorecidos.

Por eso tenemos que completarlo, mejorarlo y hacerlo crecer.
Pero el Semáforo es, digamos, la “objetividad incompleta”, faltan los rostros, las vidas, las voces. Martha Nussbaum defiende la “imaginación literaria”, porque es “un ingrediente esencial de una postura ética que nos insta a interesarnos en el bienestar de las personas cuyas vidas están tan distantes de la nuestra (…) una ética de respeto imparcial por la dignidad humana no logrará comprometer a seres humanos reales a menos que éstos sean capaces de participar imaginativamente en la vida de otros, y de tener emociones relacionadas con esa participación” (1997, p. 18). Lynn Hunt en La invención de los derechos humanos, confirma que la historia demuestra que “al final la mejor defensa de los derechos son los sentimientos, las convicciones y las acciones (…) uno conoce el significado de los derechos humanos porque se siente afligido cuando son violados” (2009, p. 220).

Esta reflexión me indica, desde el punto de vista de la transformación de una cultura, que debemos ir al terreno por las historias de la gente para generar empatía y fortalecer nuestros mensajes. Ahora que leo la vida de Malala, la niña que los talibanes trataron de asesinar por defender su derecho a la educación, vivo con emoción su experiencia y sueño con estar a la altura de su ejemplo. Casos como el de ella me inspiran y me obligan.

La “imaginación literaria”, no el adoctrinamiento o el didactismo, es un buen instrumento para luchar contra infección de la discriminación en seres humanos e instituciones. Tenemos la doble tarea de abrir espacio a niños y jóvenes y contribuir a que sus voces resuenen, y de ponersus historias en las mesas de redacción, en la mirada del legislativo, en las oficinas de los gobernadores y de los presidentes municipales y, por supuesto, en el ciber espacio. Digamos que tenemos que producir y comunicar tanto información “dura” como información “suave”, ambas igualmente importantes, para aspirar a cambiar las mentalidades.

Impulsar la efectividad. Nos preocupa como venga la ley general en materia de infancia. Si logramos avanzar hacia un sistema integral de garantías que asegure efectividad, y no sólo enuncie derechos de papel, habremos dado un paso adelante. Pronto llegará el momento en que el Poder Legislativo muestre si quiere llegar lejos o perder una oportunidad histórica. A nosotros nos toca proponer, impulsar el debate y seguir luchando, sea cual sea el resultado.

Por otro lado, podemos acercar el futuro impulsando una agenda por la infancia con gobiernos de los estados y municipios, que genere compromisos verificables. El cambio legal e institucional que México necesita se produce muy lentamente. Por eso es muy importante apoyar las iniciativas que busquen efectividad desde ahora.

Conapred hace un espléndido trabajo cuando firma con el gobernador Rubén Moreira el compromiso de “impulsar e instrumentar en coordinación con los 38 municipios del estado de Coahuila una política de estado en favor de los derechos de la infancia. Para tal efecto, utilizaremos el Semáforo Municipal por los Derechos de la Infancia”. Otra inciativa similar, impulsada por Unicef y la Redim, es 10 x Infancia.

Ojalá que ambas iniciativas se articulen y prosperen en la enorme tarea de pasar de los compromisos firmados a las políticas que impacten en derechos ejercidos, con base en indicadores sólidos y de cara a la sociedad.

Todo esto porque no se trata de vencer sino de convencer, lo que al final nos exige el coraje de permitirnos cambiar, empezando por nosotros mismos, lo que haya que cambiar. Si no pregúntenle a Nelson Mandela. ■

Feliz 2014.
@LuisBarquera
www.odisea.org.mx

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