Reformas de las élites: ¿sociedad derrotada?

Reformas de las élites: ¿sociedad derrotada?

La maquinaria de la obediencia se puso a trabajar y los Congresos locales aprobaron, sin discusión de por medio, la Reforma Energética. Es notoria la aprobación de San Luis Potosí, que lo hizo en pocos minutos y por unanimidad, lo cual revela el mecanismo con el cual está actuando el sistema político.

La unanimidad sin previo debate supone haber comprado las voluntades, lo que a su vez revela el objetivo principal de los diputados: enriquecerse. Así, si van a la diputación a enriquecerse y les ofrecen dinero, la maquinaria funciona a la perfección.

Pero es muy grave que los Congresos locales actúen de esta forma porque eliminan toda práctica de autonomía. Si aprueban una ley que les llegó dos o tres horas antes, significa que lo hacen por subordinación y acatamiento de instrucciones de otros poderes, lo que significa que han renunciado a su función principal: la expresión de la soberanía popular.

Las élites políticas han ganado la batalla parlamentaria para aprobar esta ley, pero con ello han eliminado la justificación que los hace existir y sentado las bases para un amplio movimiento de desobediencia civil. El recuerdo de la utilización escandalosa del mecanismo de compra de votos en la Legislatura local pasada, ya propició las primeras sospechas: el voto de varios diputados del PT y del PRD a favor del empréstito, y las ausencias de ayer, ¿fueron motivadas por la afinidad ideológica con el gobernador, o por motivos más opacos?

Lo que es muy claro es que la Reforma Energética es un parteaguas en la historia política contemporánea porque la transición desembocó, inesperadamente, en una forma de corporatocracia en la que los representantes no representan a la nación sino a los intereses de las corporaciones. Ese rasgo ha marcado la actuación de los políticos.

Pero del otro lado está una sociedad que al parecer no tiene la capacidad de organizarse y exigir se le tome en cuenta en las grandes decisiones nacionales. Hasta ahora, todos los movimientos sociales han sido impotentes para detener las avalanchas en su contra: el sindicalismo no pudo detener la reforma laboral, el magisterio la educativa y las organizaciones campesinas no pudieron detener las reformas y políticas que las llevaron a la ruina. El neoliberalismo ha pasado sobre un impotente movimiento social.

En el caso que nos ocupa se trata de algo aun de mayores consecuencias: la base misma de la riqueza nacional es arrebatada de los controles exclusivos de la nación.

Y la pregunta obligada es, ¿la sociedad podrá revertir esta medida o terminará impotente ante el alud de propaganda oficial y los mecanismos del Estado que inhiben la protesta social? Percibimos a una sociedad débil, fragmentada y sin dirección. Sin embargo, no podemos afirmar que será derrotada sin más, porque la historia nos dice que justo este tipo de cosas provocan o detonan la articulación social que señalamos como una falta.

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