Rechazados de las universidades: atentado al desarrollo del país

Rechazados de las universidades: atentado al desarrollo del país

la exclusión social ocurre cuando se niega el ejercicio de derechos de ciudadanía social a la población, por lo que la exclusión educativa es una forma de exclusión social generada desde las políticas del Estado como el caso que ahora comentamos: cuando la mitad de los jóvenes que hacen el intento de ingresar al estudio universitario queda fuera de las aulas, luego entonces queda excluido de la oportunidad de promover su bienestar como persona y la sociedad se queda sin una opción de aplicar ese conocimiento en su desarrollo. Y más cuando la causa del rechazo de 50 por ciento de jóvenes estudiantes es la falta de presupuesto de las instituciones educativas que impide tanto ampliar su cobertura, como diversificar su oferta. Cabe mencionar que ahora la UAZ tiene un déficit financiero por haber ampliado su servicio en 30 por ciento sin que el Estado haya correspondido a ese esfuerzo. Es loable el atrevimiento de nuestra Máxima Casa de Estudios para dar más educación a los jóvenes de Zacatecas, pero la falta de este mismo compromiso en los gobiernos mete en serios aprietos a la institución.

La falta de recursos atenta también contra la calidad de la enseñanza pues sin bibliotecas, laboratorios, recursos didácticos, y hasta instalaciones elementales, es muy difícil que la pura voz de los docentes supere dicha ausencia. La política hacia las universidades debe revisarse para ampliar sensiblemente sus presupuestos y permitir que más jóvenes pasen a educarse y no queden en la calle a expensas del crimen; y además, se tengan recursos para que la investigación nos diga cómo resolver los múltiples y complejos problemas sociales que ahora tenemos (90 por ciento de la investigación la hacen las universidades públicas). En suma: sin gente con nuevas competencias y sin la investigación de los problemas, el desarrollo de un país es imposible. No apoyar la educación superior es como darse un balazo en el pie; o peor aún, un mazazo en la cabeza: quedarse sin inteligencia. A mediano y largo plazo es impensable salir de la pobreza sin el impulso decidido a las universidades (ver el caso coreano).

También hace falta que los ciudadanos exijamos el respeto a los derechos sociales básicos (como la educación): parece que sin un movimiento social de fuerte calado nada va a pasar en este país. Como el caso de la Argentina de 2001, que después de una movilización social intensa, lograron una mejor educación y los índices más bajos de pobreza en América Latina. El Estado neoliberal mexicano no alcanza a ver la importancia radical de la educación superior pública, gratuita e incluyente. También la experiencia brasileña puede servir de comparación de cómo se logró hacer que la educación superior fuera más incluyente y vinculara sus frutos al desarrollo integral del país. En los individuos como entre las naciones, lo mejor que se puede hacer, es potenciar su inteligencia. Aquí mutilamos el cerebro social: excluimos a los jóvenes de la educación.

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